Por la sexta fecha del Grupo “B” de la Liga Profesional, Talleres de Córdoba empató 1 a 1 con Atlético Tucumán. El Matador quedó en deuda con su gente y con ellos mismos. Otra vez generaron acciones que podían terminar en gol y finalmente la pelota no ingresó al arco contrario. El silencio en el estadio Kempes al final del partido fue una expresión de desazón de todos los hinchas. Apenas si hubo algunos tibios aplausos. Razonable porque a Talleres le cuesta convertir.
La historia de falta de gol se repite. No se encuentran explicaciones. Si no es el arquero, son los palos o la falta de puntería en la definición. En defensa Talleres cometió errores y estuvo en al borde del abismo a punto de caer. Atlético Tucumán se plantó para destruir los nexos de su oponente, de ratos lo consiguió. Recuperó la pelota y salió rápido desde el fondo para tratar de aprovechar las desinteligencias defensivas de Talleres. En la primera etapa
ninguno de los dos logró imponerse sobre el contrario. Al inicio de la segunda parte, Nicolás Castro (2’ST) definió con gran categoría para poner el 1-0 a favor de los tucumanos. Con más ganas que fútbol, el Matador intentó quebrar la resistencia del visitante. Controlaba la pelota en mitad de campo, después los ataques carecían de eficacia. Varios jugadores de Atlético quedaron exhaustos por el gran desgaste que tuvieron, aun cuando faltaban un poco más de quince minutos. Entonces el técnico Medina decidió poner a Bebelo Reynoso, que junto a Botta le dieron esperanzas a Talleres. Y el gol llegó porque dos hombres de mucha jerarquía lógicamente desnivelaron. Ulises Ortegoza (28’ST) puso justicia en el marcador. Todos pensaron que el triunfo estaba muy cerca, pero los talentosos terminaron contagiándose del resto y no marcaron diferencias. Pasó el tiempo, todos los ataques murieron en los intentos. Talleres otra vez en deuda.