De un lado la capacidad de juego de River y del otro las limitaciones de Instituto. Desde la mitad hasta el final de la primera etapa fue avasallador el dominio del puntero; movilidad, desmarque, precisión en los pases y creación permanente, abriendo la cancha o cambiando de ritmo. Fútbol total de un River que ya es una maquinita.
Instituto fue un digno rival; en defensa opuso resistencia con dos líneas de cuatro, que se
esforzaron al máximo para contener una ofensiva Millonaria de cuatro o cinco atacantes, e intentó provocar preocupaciones a través de esporádicos contrataques, los cuales se diluían rápidamente porque entre uno y otro delantero había mucha distancia.
El gol de Santiago Rodríguez al minuto del partido fue una ilusión para Instituto y nada más. Luego hubo que esperar algunos minutos para que River se acomode y observar la cantidad de recursos ofensivos para disminuir a sus rivales. Manuel Roffo fue la figura en ese primer tiempo, tapó al menos tres situaciones claras. El empate llegó por decantación, fue cuestión de
tiempo y sucedió tras una jugada excelsa por pases cortos y largos, además por la auto asistencia de Nicolás De la Cruz.
Al inicio del segundo tiempo, Leinel Mosevic fue expulsado en la Gloria por doble amonestación. Lógicamente la superioridad del local tuvo continuidad y rápidamente se reflejó en el segundo gol, el de Nacho Fernández. Después el Millonario bajó el ritmo, se tomó un descanso, pero cuando se lo propuso llegó fácilmente al tercero. Remate de afuera del área de Lucas Beltrán con rebote de por medio. River ganó y el objetivo del título de campeón está cada vez más cerca.