El técnico argentino Fabián Bustos dirige un grande de Sudamérica: Barcelona, el club más popular de Ecuador

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Imagínense que un técnico salga campeón de Primera División con Cipolletti de Rio Negro o Patronato de Paraná. Algo inusual y un sueño para los hinchas de esos equipos que no llegarían a llenar los estadios más grandes de la Argentina. En el fútbol sudamericano es algo inalcanzable porque dominan siempre los grandes y Ecuador no es la excepción. El cordobés Fabián Bustos al salir campeón con Delfín, un equipo de una provincia que no es futbolera, se ha erigido en los últimos años en el técnico más codiciado de Ecuador y en el presente año llegó al Barcelona Sporting Club; que es sin duda el equipo con más hinchada en ese país y que está demostrado en las encuestas y taquillas de los partidos. Para muchos técnicos llegar a ese club es alcanzar la cúspide y para el técnico argentino fue uno de sus objetivos.

En la entrevista por medio de las nuevas formas de comunicación Fabián Bustos comenzó explicando que “cuando llegué a Ecuador me di cuenta lo que era el Barcelona, una institución inmensa con muchísima popularidad. Donde ibas a jugar veías camisetas del Barcelona, inclusive cuando jugaba otro club se veía hinchas de esta institución deportiva. Es muy marcada la diferencia con respecto a los otros equipos, más marcada que Boca y River en la Argentina. En mí país existen hinchas de Boca o de River, pero también existen de San Lorenzo, Independiente y Racing. En Ecuador muchos son los hinchas del Barcelona, luego están los de Emelec, Nacional y Deportivo Quito, que son los otros equipos grandes”.

Todo jugador sueña con jugar en el más grande de un país a igual que los técnicos sueñan con dirigir los clubes más populares. Para Bustos también fue un deseo. Confió que “en mi comienzo como técnico es verdad que al Barcelona lo veía como un objetivo, pero lo veía lejano porque siempre traía técnicos que venían de otros países y no buscaban entrenadores de otros equipos de Ecuador. Creo que llegué a una institución tan importante como el Barcelona por los últimos años, cuando me fue muy bien en lo deportivo”.

Comenzó la temporada 2.020 por la senda exitosa que marcan los resultados, contó que “estamos muy conformes con el plantel que tenemos y más con los resultados obtenidos. En la Fase previa nos fue muy bien, nunca en el actual formato de la Copa Libertadores un equipo que comenzó en Fase 1 llegó a la Fase de Grupos. Barcelona fue el primero que lo hizo; eliminamos a Progreso de Uruguay con una diferencia de cinco goles en los dos partidos, a Sporting Cristal de Perú también con la misma diferencia de gol, y a Cerro Porteño de Paraguay por una igual diferencia”.

Después la realidad le fue indistinta porque le tocó un grupo con los últimos campeones sudamericanos. Aclaró que “en Fase de Grupo nos costó, perdimos los dos primeros partidos, tuvimos lesiones de dos jugadores importantes como Burrai y el nueve Alves, además de otros dos. Las derrotas fueron contra los dos campeones del año pasado: Independiente del Valle, campeón de la Copa Sudamericana y Flamengo, campeón de la Copa Libertadores. Son dos equipos con mucho trabajo, con dos años de proceso con sus entrenadores. Nosotros lo sentimos, pero creo que con trabajo podemos achicar las diferencias”.

La realidad de Barcelona no escapa a la situación económica de muchos clubes sudamericanos. Sobre este tema explicó que “el Barcelona está pasando un momento complicado en lo económico por una deuda grande que tiene, por eso la administración actual está en todos los detalles e intentando bajar esa deuda. Nosotros por ese motivo hemos bajado el presupuesto en un 33% con respecto a los años anteriores. Para ello hemos traído muchos jugadores que están en proyección, tenemos seis o siete jugadores que fueron campeones con el Sub 20 de Ecuador en el Sudamericano y terceros en el mundial 2.019. Está en nosotros terminarlos de formar y potenciarlos. También hemos traído tres jugadores que tuvieron un buen presente en otras instituciones; el arquero Burrai, que tuvo dos años excelentes en el Maracá, Emanuel Martínez que salió de River Plate, que a Ecuador llegó desde San Martín de San Juan y tuvo un buen año en Deportivo Cuenca, y Williams Rivero de Delfín. En esta temporada como marca su historia, Barcelona tiene la obligación de intentar ganar en todas las canchas. Este año hemos comenzado bien; ganamos las tres fases previas de la Copa Libertadores y nos metimos en la Fase de grupos, donde enfrentamos equipos importantes y tuvimos complicaciones. Barcelona tiene un equipo competitivo, no con el presupuesto de años anteriores, pero con jugadores de calidad que debemos terminar de formarlos porque tiene poca experiencia en Primera División”.

Este momento lo vive gracias a los resultados que obtuvo con Delfín de Manta, (fue fundado en el año 1.989 y Barcelona fue fundado en 1.925), club que para muchos seguidores del fútbol sudamericano es un gran desconocido. Al consultarle sobre detalles de esta institución, el técnico argentino, indicó que “al Delfín llegué después de dirigir el Manta Fútbol Club (primer equipo que dirigió en Ecuador desde que llegó a ese país en junio del 2.009), donde estuve por dos años, Deportivo Quito, Imbaburá y Técnico de Ambato, Macará y Liga de Portoviejo. Fue en el 2.014 por intermedio del presidente, el economista José Delgado que tenía seis meses de gestión. Me pidió que armara el equipo para el 2.015. Estaba en la Serie B, donde fuimos campeones, ganando de punta a punta. Luego armé el equipo del 2.016, ya en Primera División y la mejor campaña fue en el año 2.019, cuando salimos campeones nacionales”.

Al describir al equipo que se le conoce como el Cetáceo por pertenecer a una región que tiene como limites el Océano Pacifico, narró que “Delfín es un equipo de provincia similar a Patronato de Paraná o Cipolletti de Rio Negro. Es de una provincia que no es tan futbolera. Cuando me hice cargo de la conducción técnica, Delfín tenía un proyecto importante, que era ingresar a algunas copas. Tuvimos un periodo de tres o cuatro años espectaculares, se vendieron ocho jugadores que llevamos, dos por año, y en el último se vendieron cuatro. En ese club siempre priorizamos resultados deportivos, aunque lógicamente también se buscaban réditos económicos de algún presidente que invertía”.

Añadió que “fue un equipo chico que le fuimos organizando, personalmente tuve que armarlo durante cinco años seguidos. Encontramos jugadores con mucha hambre, tuvimos la fortuna de elegir bien. Ese grupo nos llevó a ser competitivos y pelear los primeros puestos con los equipos grandes de Ecuador. Quizás Delfín no tiene repercusión mediática que tiene los equipos importantes, pero en la provincia es la primera vez que un equipo sale campeón a nivel nacional. Delfín, que era un equipo de obreros, solidario, con un plantel que se adaptaba a la complicada geografía de este país (cada semana por medio jugaba en el llano o en la altura), tenía una forma de juego en casa; muy agresivo y atrevido, y de otra manera de visitante. Logramos su primer campeonato nacional y tres participaciones consecutivas en Copa Libertadores. Delfín para mí fue un paso importantísimo”.

Ha logrado resultados inmensos con Delfín; campeón de la Serie B en el 2.015 y de la Serie A (Primera División de Ecuador) en el 2.019, subcampeón del campeonato ecuatoriano 2.017 y subcampeón de la Copa Ecuador 2.018/2.019. El éxito a veces tiene sus consecuencias, algunos técnicos inclusive no pueden dormir, pero para Fabián Bustos la realidad fue distinta. Dijo que “puedo asegurar que siendo técnico no me costó dormir nunca. Si antes de dormir he sentido esa adrenalina propia de los momentos previos, pero nada más. Pienso cómo será el partido, de lo que nos jugamos, o por la importancia del partido. Pienso mucho, pero siempre he tenido facilidad para dormir. Sé que existen entrenadores que les cuesta un poco más reconciliar con el sueño. Como jugador si me costaba más, sentía más nervios”.

Como técnico es un trabajador, analiza meticulosamente a sus rivales, no deja detalles librados al azar. Esas cuestiones son la base de los logros. Puntualizó que “siempre me gustó estudiar a los rivales. Es algo que me gusta mucho y más analizarlos personalmente. En todos los equipos que he estado anteriormente los análisis los hacía yo, obviamente utilizando aplicaciones o por medio de empresas que se dedican a hacer análisis de videos. Ese apoyo y respaldo lo pagaba la institución o lo pagábamos nosotros como cuerpo técnico. Ese análisis se basaba en un estudio táctico del rival y en estadísticas, que aportan datos fundamentales. Con esos datos a mí me gusta ver los partidos para sacar mis propias conclusiones. Ahora en el Barcelona tengo a una persona que ya estaba trabajando en el club y se dedica a hacer análisis táctico desde hace tiempo atrás. Esa persona es un preparador físico y técnico recibido. Me adapté a su rol y lo sumé al cuerpo técnico. Con esta persona conversamos mucho, intercambiamos opiniones y luego preparamos un video para que vean los jugadores. Trabajamos en conjunto, obviamente le comento cuantos minutos debe tener el video para que los jugadores no se cansen. Mi cuerpo técnico está conformado por el preparador físico Marcos Conenna, que ha trabajado mucho en Argentina, el asistente técnico Rolando Asas, que es paraguayo, lo conozco desde que llegué a Ecuador y ya estamos trabajando hace muchos años, y mi entrenador de arqueros es el ecuatoriano Carlos Caicedo”.

El fútbol argentino es una debilidad para los técnicos extranjeros y mucho más para los técnicos argentinos y sobre la posibilidad de dirigir en el futuro en la Primera División de la A.F.A., afirmó que “la realidad es que desde el Delfín u otros equipos que he estado es difícil que te miren desde la Argentina. Tuve posibilidades de dirigir en clubes del Argentino A, Primera B Metropolitana o el Nacional B, pero nunca de Primera División. El haber salido campeón de la Liga ecuatoriana y subcampeón de la Copa Ecuador, cuatro clasificaciones consecutivas a la Copa Libertadores, el llegar dos veces a la Fase de Grupos, uno con el Delfín y otro con el Barcelona (este año) y ahora dirigir al equipo más importante de Ecuador abre mercado y en alguna oportunidad se puede dar. En estos momentos estoy muy bien, en un lugar que me costó llegar, tengo dos años de contrato, pero uno nunca descarta estar en el país donde nació. Eso lo dirá el tiempo, hoy no hay apuro. Ahora estoy enfocado en el Barcelona, con las expectativas de salir campeón de Ecuador”.

La profesión de técnico la inició cuando estaba en los últimos años de su carrera de futbolista. Recordó que “cuando dejé de jugar ya me había recibido de técnico, entonces pasé a ser directamente asistente y lo hice por tres años en Argentina; en Sarmiento de Junín y Acasusso. Después me salió la oportunidad de ser entrenador principal en Ecuador y en ese momento si tuve dudas. Después de escuchar algunas charlas, a Jorge Célico, actual técnico de la Sub 20 de Ecuador, me empezó a hacer un clik en la forma de jugar. Hasta ese momento nosotros éramos equilibrados, jugábamos 4-4-2, un equipo siempre duro, que priorizaba defender y tratar de estar bien parados. Después de asimilar esos conceptos pasamos a ser un equipo ofensivo con muchas variantes, con subidas de los laterales buscando permanentemente desbordar, con mucho movimiento de los delanteros, tratando de jugar siempre en campo rival. Otros de las ideas es tener juego interior y de tener asociaciones en los espacios claves de la cancha. Ese fue un cambio después de seguir mucho a Bielsa, a técnicos ofensivos como Guardiola. Me gusta todo eso, pero también lo agrego un poco de equilibrio que se necesita”.

El técnico cordobés tiene sensibilidad, es una persona que no se olvida de los suyos, de quienes lo apoyaron para lograr los objetivos planteados cuando inicia una nueva etapa. Expresó que “siempre pienso en Dios y agradezco a Dios porque sé que soy un bendecido por donde estoy. Agradezco también a mi familia que siempre me apoyó, a mi papá Carlos, a mi mamá Elizabeth, y a mis hermanos; Carlos que me ayudó muchísimo en el inicio de mi carrera cuando me había lesionado y Diego, que siempre estuvo presente, a mi hijo Matías que está en Buenos Aires, y mi actual familia que está compuesta por mi esposa Romina y mis hijas. Siempre estoy agradecido a ellos”.

Cuando la charla estaba finalizando habló de cosas particulares como “las ganas, la actitud, el temperamento siempre lo he tenido, quizás no tenía la capacidad técnica, la habilidad y la velocidad que tenían otros jugadores. Si tenía una forma de entrenar, de cuidarme y de luchar que me mantuvo jugando tantos años en Primera División”. Y pensando en el futuro reflexionó que “siempre fui un luchador y sigo luchando, trato de mejorar y perfeccionar para no parar de crecer. Siempre vas creciendo ya sea como jugador o como técnico. Siendo técnico tenemos un aprendizaje constante como la vida misma”.

Las imágenes de Fabián Bustos como técnico en los últimos años son de festejos. Esos festejos son las consecuencias del trabajo, de la lucha y de tomar la vida como una experiencia de aprendizaje porque nunca dejó de luchar por sus sueños que ahora son una realidad.

 

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