Cuando un deportista se desmaya, ¿es verdad que puede llegar a tragarse la lengua? ¿O es solo un mito?

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La creencia popular de que, cuando un deportista cae inconsciente por cualquier motivo, hay que meterle la mano en la boca lo antes posible para evitar que «se trague la lengua» está tan extendida que llega a convertirse en una práctica peligrosa para el propio deportista afectado. Una investigación internacional sobre este tema va más allá, al señalar que esta práctica puede convertirse en el principal obstáculo para asistir de forma exitosa a un paciente con paro cardiorrespiratorio.

Esta investigación, publicada en la revista HeartRhythm, consiste en un análisis de 29 casos documentados en vídeo de las reacciones que se producen, por parte de compañeros y personal médico, cuando un deportista cae desplomado durante la práctica deportiva.

Los resultados son inquietantes:

En un 65 por ciento de las grabaciones, la primera reacción fue la de tratar de impedir que el deportista “se tragara la lengua”, bien introduciendo los dedos en su boca, bien sacudiendo su cabeza o poniéndole de lado.

Solo en un 38 por ciento de las ocasiones, esta reacción incluyó el inicio de maniobras de compresión en el pecho para la reanimación.

Solo en dos de las ocasiones alguien hizo llegar un desfibrilador al lugar de los hechos.

Del total de casos analizados, solo el 36 por ciento de los afectados sobrevivió a este episodio.

Los autores del estudio, investigadores de universidades de Israel y Estados Unidos, sostienen que los episodios de paro cardiorrespiratorio de deportistas grabados en vídeo ofrecen un retrato preocupante de cómo los compañeros de equipo responden ante la situación de manera incorrecta. Creen que la lengua se traga y su prioridad es evitarlo. Además de poner en riesgo la integridad del afectado, pierden un tiempo esencial para iniciar la reanimación.

El rol de los medios de comunicación

Los medios de comunicación contribuyen de forma habitual a la consolidación del mito, aunque el mensaje al respecto debe ser muy claro: la lengua no se traga en ninguno de los casos. En un caso de inconsciencia, solo podría obturar de forma parcial la faringe, por lo que es posible escuchar que el deportista desvanecido emite una especie de ronquido.

Cuando un deportista cae desplomado, no hay que meterle inmediatamente la mano en la boca para atrapar la lengua. Puede ser peligroso para el interviniente y para el afectado. Además, no tiene sentido manipular un músculo tan grande como la lengua tirando de la punta. Para liberar la vía aérea, lo más adecuado es realizar la maniobra de frente mentón, o colocar al deportista en posición lateral de seguridad.

De acuerdo al diccionario de la Real Academia de la Lengua “reanimar es dar vigor, restablecer las fuerzas, hacer que recobre el conocimiento alguien que lo ha perdido“. En medicina, la palabra “reanimación” debe ser entendida como un conjunto de medidas terapéuticas que se aplican para recuperar y mantener las funciones vitales del organismo.

Se entiende por reanimación cardiorrespiratoria el conjunto de medidas de soporte vital, básico y avanzado, que intentan restablecer la función cardiopulmonar una vez que en una persona se ha producido un paro cardiorrespiratorio”. Clínicamente el paro cardiorrespiratorio se define por tres hechos fundamentales: 1. Pérdida de conciencia; 2. Apnea; y 3- Ausencia de pulso central.

Las maniobras de reanimación cardiorrespiratoria comprenden dos niveles:

El primer nivel apunta a tres objetivos fundamentales, conocidos como el ABC (Airway, Breathing, Circulation):

  1. Mantener una vía respiratoria permeable;
  2. Recuperar la respiración o efectuarla a través de una respiración boca a boca;
  3. Recuperar la circulación a través del masaje cardiaco.

Actualmente se estima que el clásico ABC debe convertirse en ABCD, siendo la D una referencia al uso del desfibrilador.

El masaje cardíaco externo con ventilación asistida -sea boca a boca o con dispositivo manual- es una medida que ha permitido recuperar numerosos pacientes en paro. El masaje cardíaco externo mediante maniobras vigorosas aplicadas sobre el tórax cerrado debe ser efectuado en forma oportuna, técnicamente bien realizado y con los medios adecuados de apoyo posterior de la cabeza.

Las maniobras de reanimación no están exentas de riesgos y complicaciones como ser fracturas costales y esternales, entre otro tipo de lesiones orgánicas. No obstante, la complicación más temida son las secuelas neurológicas de diverso grado que pueden hacerse evidentes una vez recuperada la circulación espontánea.

Datos extraídos de revista saludmasdeporte y de scielo.conicyt, revista médica de Chile

Fotos: Redacción Médica – salud+deporte – diario Marca de España – Diario El Heraldo

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